Si tuviera un centímetro de plomo en mis venas
dejaría que se vaya el pequeño charco de sangre
el hilito de glóbulos rojos por mi cuarto
abriría la puerta despacito y vería cómo kilogramos de imágenes oníricas
filamentos e hipogloceritos se extinguen para siempre de mis dedos.
Dejaría la ventana abierta para que se extingan también las fisuras
la herida en la pared
y las decenas de licántropos que encuentran cobijo en las aristas de este cuarto.
Si tuviera un milímetro de azufre en los ojos
toda esperanza colapsaría y por fin volaría por los cielos desdibujados y descoloridos
dejando una fracción de segundo
para poder huir sin que nadie me siga.
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